La librería de tu barrio

En realidad no fue uno sino varios los motivos que me llevaron a escribir sobre mi profesión. Por supuesto que haber acompañado a Diego en su mágica saga napolitana y estar junto a él en cuatro mundiales (llegando en dos de ellos hasta el último partido) con el agregado de que en el último Sudáfrica 2010 pude disfrutar de un paisaje histórico e insuperable, como lo fue el de verlo diariamente junto a Leo Messi compartiendo sueños de gloria, representa uno de los más pesados a la hora de establecer un orden de prioridades. Haber sido el único preparador físico que tuvo el privilegio de trabajar junto a los dos DT campeones del mundo a nivel selección que tiene nuestro país (Menotti y Bilardo) me permitió evaluar desde adentro dos modos diametralmente opuestos de entender el fútbol. Tras dedicar cuarenta años de mi vida a recorrer el mundo de la alta competencia gracias a quienes confiaron en mis servicios, he sentido la íntima necesidad de volcar mis conclusiones acerca de las ricas e inolvidables experiencias vividas. Desde siempre entendí que el deporte era una maravillosa arma cultural para contribuir mediante sus atributos pedagógicos a preparar a las nuevas generaciones para la concreción de una sociedad más justa y digna. En el camino, encontré que la realidad no coincidía por lo general con mis ilusiones. Métodos de preparación tan arcaicos como irracionales, conductas reñidas con elementales principios éticos, capaces de justificar cualquier tipo de medios con tal de lograr sus fines, la incomprensible irrupción en los medios masivos de comunicación de una insensible horda de payasos mediáticos dispuestos a vulgarizar hasta límites insoportables el ambiente a favor de sus despreciables objetivos, me impulsó a reaccionar con vehemencia en contra de la casi irreversible decadencia propiciada. En resumidas cuentas, he tratado de reflejar en cada ítem mis convicciones acerca del modo en que mi profesión debe ser entendida (y ejecutada), toda vez que para mí entrenar es ante todo, educar sin renunciar en absoluto a combatir cada vez que sea necesario, el embate de cuanto depredador merodee por mi jardín.

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